Nutriendo a la gente con nuestros alimentos

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 Maíz, rica fuente de proteína

El camino que tu cereal Kellogg recorre hasta tu mesa inicia en los campos de maíz; pero su historia data desde mucho antes de que la semilla toque la tierra. La evidencia más antigua de la existencia de este alimento es de hace unos 7,000 años en el valle de Tehuacán, México.

Por aquel entonces, el maíz era sustento de cientos de familias de trabajadores que cuidaban su crecimiento en el campo. Tras la cosecha, nutría también los cuerpos de hombres, mujeres y niños que habitaban en la región.

Hoy más de 820 millones de personas en el mundo sufren hambre. Como consecuencia, padecen desnutrición crónica y otros problemas de salud, que afectan de manera especial a niños en edad de desarrollo.

Sumar esfuerzos para poner fin al hambre es crucial y, para lograrlo, necesitamos producir alimentos de alta calidad y asegurarnos de que lleguen a quien más lo necesita.

Este alimento es rico en hidratos de carbono, proteínas y vitaminas A, B y C. Además es alto en sales minerales como potasio, magnesio, hierro, zinc, sodio y fósforo.

Todo ello se esconde en el significado de la palabra indo caribeña que le da nombre. Maíz, que significa, lo que sustenta la vida.

Al día de hoy, la producción y comercialización de maíz blanco y amarillo es fuente de empleo para miles de familias en el campo y a muchas más en las ciudades durante sus diversos procesos de transformación.

El pan y las tortillas que no faltan en la mesa de las familias mexicanas están hechos con este grano; ¡y también tus cereales Kellogg!

Nutriendo a las familias…

Al ser un alimento completo de altísima calidad, es un valioso aliado en nuestra misión de nutrir a las familias; una misión que perseguimos incansablemente desde hace más de cien años y que hoy se alinea también a las metas globales marcadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Como compañía, sabemos que estamos llamados a actuar en la lucha contra el hambre. Durante el apogeo de la gran depresión mundial hace casi un siglo, nuestro fundador, WK Kellogg dijo: Invertiré mi dinero en las personas. Entonces donó casi toda su riqueza para la creación de Fundación Kellogg y se convirtió así en uno de los primeros empresarios filántropos en el mundo. En Kellogg vivimos hoy con base en esos mismos valores.

El calendario de las Naciones Unidas marca el 16 de octubre cada año como el Día Mundial de la Alimentación; una fecha que para nosotros se conmemora todos los días porque nuestro compromiso con la nutrición, especialmente de los sectores más vulnerables de la población, no se detiene.

En alianza con Bancos de Alimentos de México (BAMX) atendemos a la población más vulnerable del territorio nacional a través de tres acciones concretas:

⦁    Donación intensiva de alimentos.
⦁    Financiamiento de programas de desayunos infantiles de largo plazo.
⦁    Iniciativa para rescatar frutas y verduras en el campo para ser utilizados en comedores comunitarios.

Tan solo el último de estos programas beneficia a más de 60 mil personas cada año.

Este 2019, entregaremos alrededor de dos millones de porciones de nuestros alimentos a personas en situación de vulnerabilidad a lo largo de siete países latinoamericanos. Habitantes de Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y México se verán beneficiados.

Además, en conjunto con diversas organizaciones realizamos más de 15 eventos para sumar un total de 800 horas de voluntariado en los países mencionados.

 

 

Nuestra receta contra el hambre

Un alimento milenario y un espíritu solidario son dos de los ingredientes clave que, en Kellogg, utilizamos para consolidar nuestro compromiso con la nutrición de las familias y la lucha contra el hambre.

De este modo, cada vez que consumes alimentos Kellogg, puedes tener la certeza de que los hemos cocinado con ingredientes de la más alta calidad y con un profundo compromiso con el bienestar de tu comunidad.